domingo, 9 de mayo de 2021

Continuemos: 1.



"No creerías las cosas que he hecho por ella
Cobardemente pero sin vergüenza
Era una piedra en el agua, seca por dentro
Así se siente cuando la verdad
Es la palabra sometida
Fui tan dócil como un guante, tan sincero como pude y ella usó mi cabeza como un revólver"

Ella usó mi cabeza como un revólver - Soda Stereo.

A lo largo del tiempo, si tenemos suerte, aprendemos a querer mejor, a querer distinto. A economizar sentimientos que luego pueden derivar en tristezas, a priorizar otros aspectos de la vida y dejar a un lado cualquier deseo o expectativa que tengamos sobre alguien que no seamos nosotros mismos.


El amor cambia. Vuelvo a estas páginas no porque haya amor nostálgico, sino porque esta historia se reescribe una y otra vez, distinta pero igual, cada que nos volvemos a encontrar. Lo menos que puedo hacer es escribirla bien, escribirla mejor. Una historia como estas es digna de recordar, y si al final hay un lugar donde si quedamos juntos, es entre estas páginas. 


Intententare ser lo más fiel posible al relato original pero no puedo evitar modificar unas cosas y poner otras desde una perspectiva distinta, porque como decía más arriba, tuve la suerte de aprender a querer mejor, a querer distinto y para bien o para mal, a ser más fría con los temas sentimentales. El escrito original fue de una persona que necesitaba de él para estar bien, estable, feliz y ahora lo reescribe alguien que no necesita de nadie más que de ella misma, que tiene el control y que por encima de todo es racional respecto a los sentimientos. Hoy vengo a contar una versión más objetiva, mejor redactada y con cosas inéditas; hoy no por catarsis, hoy por escribir y recordar a una de las personas que siempre estará en mi y a quien siempre voy a querer… mucho, poco, mal, bien; pero al fin y al cabo querer.


Todo esto, como cualquier historia tiene un inicio, y no se me puede ocurrir uno más inesperado y oportuno que el que tuvo. Pero hay que decir también, que para haber llegado hasta este punto de la historia hubo más tropiezos que pasos. Tropiezos de ambos.


A mi visión de una persona atractiva, él encaja dentro del ideal. Tiene cabello castaño claro que siempre lleva muy al raz, ojos verdes con pintas de distintos tonos de azul; es alto, es atlético y tiene una sonrisa dulce. Tiene carisma, es seguro de sí mismo y se centra en lo que quiere lograr. Como salido de una película adolescente, de esas que en su momento nos elevaron las expectativas de un hombre y que con los años nos dimos cuenta que no iban más allá de guiones genéricos del cine rosa del primer mundo. 

Estas películas que tienen al chico rudo pero sensible y guapo y a la chica tímida que no sabe que es linda, donde un día en los pasillos de la escuela se cruzan y superan los obstáculos para al final quedar juntos. Y que más me hubiera gustado que todo fuese así de sencillo, porque en las películas todo sale bien al final entre el chico guapo y la chica que no tiene mucho por ofrecer; pero esta historia no tiene un final así, ni siquiera hay un final aún, y lo peor de todo es que ni siquiera tuvo un inicio.


Hay una teoría de la física cuántica que explica que la conciencia es una extensión más de la energía, es decir, que no necesita habitar un receptáculo para existir. Hoy está en nosotros, y cuando nosotros no estemos ella seguirá con todos nuestros conocimientos, emociones, gustos, miedos y amores (y los de los receptáculos que habitó antes de habitar nuestro cuerpo), hasta transformarse en algo más, pero jamás destruirse. No es algo místico o sobrenatural, es una teoría que incluso se utiliza para explicar casos de reencarnación, que no son más que manifestaciones de la conciencia sobre vidas anteriores. A su vez, para la reencarnación, explica que dos conciencias pueden estar conectadas con tanta fuerza, que de alguna manera se reencuentran en vidas posteriores. 


No se como explicar el hecho de que lo vi y supe que quería muchos años con él, aún cuando no sabía absolutamente nada sobre la vida, aún cuando no tenía motivos para querer eso y sin siquiera conocerlo bien. Para contextualizar tenemos que retroceder varios años en el pasado hasta llegar al 2001, sí, casi 20 años atrás (cuando escribí esto solo iban quince años apenas). 


Lo conocí en el jardín infantil, y lo recuerdo a él como si aún lo estuviera viendo y ambos tuviéramos seis años, recuerdo que le conté a mi familia sobre un niño de ojos azules y orejas grandes del que estaba "enamorada" y extrañamente, hasta ahora, mi familia sigue recordando eso. Fuimos novios, tal vez por dos minutos, o tal vez una semana, o a lo mejor se nos olvidó que lo éramos y dejamos de serlo. Y hasta ahí llegan mis recuerdos de él. Me gradué del kínder y de él sólo quedó una foto en una fiesta de mi grupo de preescolar con su sonrisita de dientes deciduos posando al lado de la mía; y el recuerdo de su nombre completo.


Vamos a obviar su nombre, porque acá es lo de menos y porque probablemente si me conoces sabes perfectamente de quién estoy hablando. Y si es ÉL quien me lee, aquí traigo la historia que, sin merecerlo, tanto me marcó.


Del 2001 pasamos al 2014, cuando por fin volvimos a hablar. En el transcurso de esos 13 años lo tuve presente, intenté buscarlo por redes pero nunca di con su perfil. Conocí más gente, hice una vida, tuve una pareja que me desgastó emocionalmente y me dejó en un mutismo absoluto en el que por primera vez en mi vida, a los 17 años, no sentía nada hacia nadie ni hacia algo, ni bueno ni malo. Una noche en medio de la inopia y el insomnio, resolví volver a buscarlo. Escribí su nombre completo en el buscador de Facebook con nombres y apellidos que nunca olvidé y la búsqueda arrojó los mejores frutos: un joven, ojos verdes, labios lindos, cabello castaño claro, atlético, hincha del mismo equipo que yo… qué bueno que mande esa solicitud de amistad.


Al día siguiente me aceptó, y le hablé. Le conté quién era y de donde nos conocíamos. Él no se acordo de mi... ¿Será que esto lo podría explicar la física cuántica y su teoría sobre las conciencias? En esos momentos no importaba, no tenía ninguna meta por cumplir al hablarle, simplemente quería saber de él. 


Se salió de control, se me salió de las manos y acabé conociendo más de él que mucha otra gente, porque sin saberlo empecé a quererlo todo de él (querer desde el deseo y el afecto). Hablábamos dia y noche y no se cuándo cruzamos la línea entre una conversación casual a una personal, y más allá, a una casi romántica; no se cuándo pasó pero sí sé cuándo estalló: yo estaba alcoholizada y le confesé que me gustaba a lo que correspondió mucho mejor de lo que podría haber esperado. 


Y para ese entonces rompimos con 13 años sin vernos y saber del otro. Al vernos sabía que nos besaríamos y me asustaba que se rompiera la magia con un beso mal dado o incompatible. Cuando nos encontramos lo ví y mi mirada tuvo que subir hasta el techo, pues era más alto de lo que esperaba. Vino hacia mí y sin decirnos nada más que el saludo tomó mi cara entre sus manos y me besó, y agradezco el gesto de haberme tomado en sus brazos, sino hubiese salido volando y de mí ya no se sabría más. Llegó el mejor beso que me han dado hasta hoy y aún lo puedo sentir revolviéndome el alma.


La descripción del beso fue copiada y pegada del escrito original, no tengo absolutamente nada por cambiar porque no importa si lo escribo en el 2014, el 2017 o el 2020: siempre va a ser mi mejor beso.


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