lunes, 10 de mayo de 2021

Continuemos: 2.



"Fue un verdadero placer
verte caminar tan seria de derecha a izquierda
Y fue algo inefable perder mi noción de este mundo estando entre tus piernas.
Y es que tú y yo (...) tuvimos que ser amantes en nuestra vida anterior,
solo eso explicaría la simetría del esporádico día en el que hicimos el amor,
(...)
solo eso explicaría la sincronía de tu pelvis con la mía cuando hacíamos el amor"


Maga - Robert Tiamo


Vino hacia mí y sin decirnos nada más que el saludo tomó mi cara entre sus manos y me besó, y agradezco el gesto de haberme tomado en sus brazos, si no hubiese salido volando y de mí ya no se sabría más. Llegó el mejor beso que me han dado hasta hoy y aún lo puedo sentir revolviéndome el alma.

Nos vimos una tarde de Septiembre que llovía y desde eso recuerdo que el mes de Septiembre siempre es un mes frío y lluvioso.


Las cosas cada vez las sentía mejor, más nuestras, más felices. Mi vida había salido de una época de neutralidad absoluta, que no reconocía felicidad o tristeza. Ahora todo giraba en torno a su nombre, nuestras conversaciones, a sus besos y días después a su sexo. Llegó otra tarde lluviosa de Septiembre, pero en esta no sentiría frío. 


Seis años después sigo buscando los adjetivos que puedan explicar lo que fue tenerlo, lo que fue que me tuviera. Simplemente agradecí para mis adentros mientras lo besaba, mientras le quitaba la ropa, mientras estaba dentro de mi. Cada que pienso en eso, se cierran mis ojos y se van al 24 de Septiembre del 2014, a su cuerpo debajo del mío, a mis uñas clavadas en su piel, a su lengua dejando saliva Indeleble por mi cuerpo. Y más que nada, regreso al recuerdo de lo mucho que lo amé ese día y todos los que llegaron.


Por Ojos Verdes me despertaba a las 8 de la mañana (a más tardar) a darnos los buenos días, aún cuando estaba en vacaciones esperando empezar la universidad. Despertaba y estaba su mensaje con emojis que solo tenían sentido entre nosotros, diciéndome que era suya. Y así empezaba mi día, y tenía la fortuna de seguirlo de la misma manera hasta que entraba la noche. Le puse al celular un tono exclusivo de notificación para sus mensajes y los configuré para que la luz led alumbrara de un color específico si él me hablaba: morado, mi color favorito. Siete años después cuando escucho en algun lado ese tono de notificación, mi corazón se detiene un momento y se derrite hasta mi estómago, y no porque sienta algo actualmente hacia él o sus mensajes, sino porque soy receptáculo de una conciencia plasmada de recuerdos de él.


Una mañana desperté sin su mensaje, luego fueron tres mañanas, luego simplemente preferí levantarme tarde. Mi mensaje nunca faltaba en forma de un saludo lleno de anhelos por una respuesta que cada vez era más dilatada e impersonal. ¿Acaso la gente no se da cuenta de lo mucho que puede curar el alma sólo tecleando un par de palabras? ¿Cómo le explicaba yo a mi alma que Ojos Verdes se iba?


Me decía que estaba ocupado, estaba acabando el colegio y era el último periodo académico, y yo quería creerle con todas mis fuerzas; ciegamente quería creer todo lo que me dijera aunque sus palabras fueran sólo un trámite para reclamar mi silencio y así dejar de lidiar conmigo, como cuando le decía que lo quería ver y él solo respondía un “yo también” suelto.


Una tarde de octubre, ya no tan fría como las de Septiembre, en un dia muy esperado para mí, iría a un concierto de mi grupo favorito, en compañía de la persona menos favorita que conocía (y me tomo este paréntesis para aconsejarles jamás planear eventos importantes en una relacion a punto de desmoronarse). Tuve que ir al concierto con mi ex, aunque no niego que fue casi que satisfactorio el ver su reacción al notar que mí celular solo mostraba la foto de un chico de ojos verdes con camiseta del DIM y el explicarle quién era cuando me pidió explicaciones. Y todo hubiese acabado perfecto ahí, pero tras esa conversación vinieron dramas y manipulaciones por parte de esa persona, que aunque me recordaron el porqué ya no estaba con él también demostraron su capacidad de lograr que yo me incomodara para que él estuviera cómodo, y de llevar mis acciones a apaciguar su vulnerabilidad mientras me decía que debía estar con él y no con Ojos Verdes. Caí lamentablemente en eso y besé de nuevo sus labios… desearía no haberlos besado ni ahí, ni nunca.


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