El dolor existe como ente físico, es palpable, casi puedo cogerlo entre mis dedos, casi puedo sentir su forma, áspera y dura, de bordes irregulares muy afilados y mutables que me impiden saber como asirlo sin cortarme, invariablemente me hiere no importa como lo trate de sostener, de controlar; es mas, se empeña en crecer, sobre todo cuando estoy solo y mi mente se vuelve ociosa y tercamente da vueltas al rededor de tu recuerdo, crece así, sobrepasando cualquier límite de mi cuerpo, desdibujando mi silueta y deformando mi ser, creciendo como monstruo primordial que me desgarra al salir y luego se empeña en devorar lo poco que queda, como si yo fuese su presa predilecta, su trofeo de caza.
A veces soy capaz de encogerlo al mínimo en un rincón oculto en mi pecho, donde tontamente creo no puede hacer daño, pero sin importar que tan grande o pequeño sea, está ahí, clavando sus garras y sus uñas, mordiéndome sin misericordia, recordándome que existe, que se alimenta de mi y que seguirá hiriéndome no sé por cuanto tiempo.
El dolor no solo es mutable, sino que disfruta inventando formas nuevas de torturarme, de recordarme que existes para todos menos para mí.
Trato de pensar, de creer, que este es mi dolor y yo soy su dueño, no al revés.
-Anónimo.
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