"Sólo espero que se apague de repente el recuerdo, y confío en la promesa del olvido.
De que se apague el fuego que quema dentro del pecho, a que vuelvas para complicar conmigo.
Que se acabe este juego que todos salen perdiendo
Dicen que para todos los problemas, el fútbol acaba siendo el psicólogo más barato. Y yo me burlaba de esa frase mientras moría de ansiedad de saber que estaba con quien se supone era mi pareja, viendo un partido de fútbol, en la misma tribuna solo a unos metros de donde estaba Ojos Verdes. 90 minutos que se pasaron entre sufrir por el partido y sufrir por lo cerca y lo lejos que estaba de él.
Ir al estadio con Ojos Verdes siempre fue algo que quise hacer. Siempre fantaseé con el hecho de besarlo celebrando un gol, y ese día lo estaba haciendo con la persona equivocada.
Irme a la cama con Ojos Verdes luego de ir al estadio siempre fue algo que quise hacer. Siempre fantaseé con el hecho de celebrar con buen sexo una jornada de fútbol, y ese día lo hice con la persona equivocada.
Acá reitero: no funciona sacar un clavo con otro clavo. Ese vacío solo puede llenarse con el cuerpo que estaba ahí antes. Por más que quisiera, por más que lo pensara, era imposible engañar a mi piel: él no era Ojos Verdes. No eran sus formas, no era su olor, no eran sus besos perfectos, ni su lengua, ni su fuerza, ni su tamaño. Y yo estaba condenando a una persona inocente a llenar un vacío imposible de llenar aún sabiendo que no podía darle lo que él merecía, ni él podía darme lo que yo necesitaba.
Seguí con él. Por egoísta, por cobarde, por cualquier adjetivo malo que se les ocurra; por lo que sea menos por auténticas ganas de estar con él. Adoraba quién era como persona, me gustaba la persona que él me hacía ser, pero no tenía sentimientos románticos o físicos hacia él. Y si hablamos de merecimientos, él no se merecía a alguien como yo.
Pasaron los meses, comenzó un nuevo año y yo seguía con él, aún pensando en Ojos Verdes con la misma intensidad. Por temas de tiempo y distancia, no me podía ver o hablar mucho con la persona con la que estaba (así que digamos que desde el inicio fue una relación inviable, por parte y parte); y los pocos o muchos momentos que hablábamos o salíamos eran buenos momentos. Jamás fingí una sonrisa o un abrazo, tenerlo en mi vida fue lindo y sé que, mucho o poco, también le retribuí esos gestos; pero lo cierto es que por más que me esforzaba y por más que él se lo merecía, nunca pude llegar a sentir amor hacia él, o lo que debería sentir uno por una pareja.
Se llegó Marzo del 2015. Era lunes, y al día siguiente entraba a la universidad en la tarde, así que podía trasnochar. Me quedé con algunos amigos después de clases tomando, y después de solo unas dos cervezas ya mi mente estaba lo suficientemente alcoholizada como para cometer errores. Ojos Verdes subió esa noche una foto a Instagram, y yo se la comenté como si no hubiésemos pasado meses sin hablar. Entre el alcohol y el cansancio, olvidé eso y me fui a dormir.
Desperté en la madrugada del 10 de Marzo del 2015 con la luz led de mi celular alumbrando morado y su nombre completo en mi pantalla de notificaciones. No fue hasta obligarme a despertar por completo y re-leer la pantalla varias veces que por fin caí en la realidad: Ojos Verdes me había escrito.
Le respondí el saludo. Para ese momento ya él no estaba conectado así que me fui a dormir de nuevo, y desperté al día siguiente a las 8 de la mañana tal como en los buenos viejos tiempos, donde mi cerebro me despertaba automáticamente temprano para hablar con él. Y precisamente, al despertar su respuesta ya estaba en el chat.
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